Ya en tu librería preferida

‘La luz en su ausencia’ hubiera debido presentarse en la librería La Central, de Barcelona, el pasado 14 de abril. Debido a la actual situación de pandemia, aún no sabemos si aún será posible retomar las presentaciones del libro. Mientras tanto, mi última novela puede encontrarse en cualquiera de vuestras librerías favoritas y también en la web de la editorial Carpe Noctem.

Crónica de la tercera búsqueda de Federico García Lorca

Comencé a escribir sobre la tercera -y última- búsqueda de Federico García Lorca como si de un diario íntimo se tratara. Me pareció la manera más rigurosa de hacerlo y me propuse registrar día a día el avance de los trabajos llevados a cabo en el Peñón del Colorado, Alfacar, por el arqueólogo Javier Navarro en colaboración con el historiador Miguel Caballero. Esta vez se trataba de una iniciativa puesta en marcha por la asociación cultural Regreso con Honor tras haber recaudado unos 12.000 euros de fondos privados procedentes de España, Puerto Rico e Inglaterra. Primer tema espinoso antes de comenzar: España no cuenta con dinero público para realizar este tipo de trabajos y la ley de Memoria Democrática no dispone de ningún tipo de partida económica. Mientras, la Convocatoría Cívica y el juez Baltasar Garzón continúan intentando llevar al parlamento una “Comisión de la Verdad sobre los crímenes del franquismo”, para lo que se ha puesto en marcha una recogida de firmas a través de Change.org que -a día de hoy- necesita 42.220 firmas más para alcanzar las 150.000 necesarias.

Anotaba y contrastaba las noticias a diario. La mañana del 19 de septiembre, primer día de la búsqueda, comenzó tranquila respecto a las informaciones sobre el inicio de los trabajos de este tercer intento. A primera hora aparecieron reseñas en el Ideal de Granada, el ABC edición Andalucía….Y a medida que la tarde avanzaba la gran mayoría de la prensa nacional ya se había hecho eco de la noticia. Al Ideal se le notaba que llevaba ya muchas líneas escritas sobre ello a lo largo de los años y sabía que ese volvería a ser un tema polémico en la ciudad, por lo que, para evitar susceptibilidades, destacaba la cantidad de dinero que costarían dichos trabajados y especificaba quién lo pagaría. Efectivamente, varios de los escasos comentarios de los lectores de ese periódico se centraban en quejarse de que el dinero público se gastase en buscar restos de la guerra civil. En total, media docena de lectores que criticaban dicha búsqueda y otros tantos que la defendían, todos ellos enzarzados en una reyerta con texto de por medio.

El embrollo informativo era grande porque llevábamos ya tres búsquedas y cada una de ellas poseía su propia personalidad. Para aclararme un poco yo misma, me documenté rápidamente sobre las otras dos. La primera la había realizado la Junta de Andalucía, en 2009, siguiendo instrucciones del historiador Ian Gibson, en Fuente Grande, sin resultado alguno. 70.000 euros para buscar los restos del maestro Dióscoro Galindo y de los banderilleros anarquistas Joaquín Arcollas y Francisco Galadí, fusilados junto a Federico García Lorca. La segunda, en 2014, realizada por la asociación cultural Regreso con Honor siguiendo las pistas que el escritor falangista Eduardo Molina Fajardo -a 500 metros de donde Ian Gibson señalaba como el lugar donde se encontraban las fosas-, había señalado en Los últimos días de García Lorca tras recopilar los testimonios directos de los tres guardias de asalto que la madrugada del 18 de agosto de 1936 estuvieron junto al pelotón de fusilamiento en la zona de Víznar y Alfacar. Los trabajos terminaron cuando se acabó el dinero -unos 23.000 euros que había aportado la Dirección General de Memoria Andaluza- y el georradar dio como resultado que las alteraciones del terreno no eran más que grandes bloques de tierra.

Volvemos al presente y, al parecer, actualmente para encontrar los restos de Lorca hay que echar mano de triquiñuelas legales ya que, como ha señalado el arqueólogo Javier Navarro, el objetivo esta vez se centra en el hallazgo de los pozos que sirvieron a los golpistas para arrojar a más de 400 víctimas de la represión franquista, aunque se calcula que son los restos de unas 2.000 personas los que se encuentran en las fosas de la zona de Alfacar y Víznar. Para lograr el permiso, Sonia Turón -representante desde el sindicato de la CNT de la familia política de Francisco Galadí y Joaquín Arcollas- y Nieves García Catalán -nieta del profesor Dióscoro Galindo-, presentaron una petición de exhumación a la Dirección General de Memoria a mediados del pasado mes de junio de 2016.

A pesar este birlibirloque, en la mayoría de las informaciones aparecidas en la prensa la noticia continúa siendo la búsqueda de Federico García Lorca y no la de los restos de las cuatrocientas personas asesinadas por el franquismo que permanecen enterrados en los tres pozos ubicados en el Peñón del Colorado.

Y es que en España la totalidad de las víctimas de la represión franquista enterradas en fosas comunes sigue teniendo un único apellido: Lorca. Una versión de “Lorca somos todos” que ha llegado desde 1936 hasta la actualidad. Hasta el punto de que encontrar al poeta simboliza una pequeña victoria en la lucha sobre la casi nula aplicación la Ley de la Memoria Histórica, con el permiso y el consenso colectivo que simbólicamente todos hemos rubricado. Encontrar a Lorca es comenzar a recibir el reconocimiento de la historia, porque las instituciones actuales nunca nos ofrecerán ese derecho. Y recuperar sus huesos es otorgar el carácter de incuestionable a lo que las leyes de este país se encargan de dificultar: recuperar los huesos de los nuestros. El conjunto de víctimas ha relegado su protagonismo a los hombres y mujeres próceres, a los forjadores de mitos -como Federico García Lorca para los enterrados en las fosas comunes, Antonio Machado para los muertos camino del exilio o Rafael Alberti para la resistencia en tierras extranjeras- ya que solo así se podrá recuperar el reflejo de nuestra historia personal fragmentada en cada uno de ellos, y porque aún no poseemos legal y plenamente el derecho para poder hacerlo.

El cuarto día de la tercera búsqueda de Lorca, a las 16:21h, comenzó el otoño en España. Los trabajos en el Peñón del Colorado avanzaron más rápido de lo normal y ya habían llegado al nivel de tierra del año 1936. En tres días, se hizo el trabajo de dos semanas gracias a las máquinas aportadas a última hora por la Junta de Andalucía. Se extrajeron 1.500 metros cúbicos y ya destacaba la tierra negruzca sobre la de color ocre, perteneciente a la tierra que se había lanzado sobre ella para construir el fallido campo de fútbol proyectado durante los años ochenta. Era como si el fútbol, además de haberse impuesto a otras formas de ocio, como la misma cultura, se hubiera propuesto mancillar también la memoria.

efe
Trabajos realizados en el Peñón del Colorado. © EFE

La alarma de Google que creé para la búsqueda de Lorca me trajo también la noticia de la representación de La piedra oscura en Madrid, obra en la que se relata el romance del poeta con Rafael Rodríguez Rapún. Ojalá pueda llegar a verla en noviembre o diciembre, que aún seguirá en cartel.

Pronto, la repetición de contenidos de las noticias que se publicaban casi a diario me pareció tediosa. Pequeñas variantes añadían emoción, como un casquillo de bala encontrado, algún fragmento de cerámica, un trozo de neumático que “podría proceder de una motocicleta militar, lo que aportaría un dato sobre el campo de instrucción situado en esta zona en el verano de 1936 y en cuya cabecera podría situarse la fosa de Lorca”, según informaba el Ideal de Granada el 22 de septiembre… Así que dejé de anotar las escasas novedades que los periódicos desgranaban a diario.

El sexto día, el sábado 24 de septiembre, apareció el segundo tema espinoso que siempre suele aparecer en toda búsqueda de Lorca: la posición del PP en este tema. No tardaron mucho, aunque esperaba que se sumaran antes a la fiesta. Ese día La Vanguardia publicó: “El PP de Granada ha anunciado que pedirá a la Junta explicaciones por la cesión de medios públicos que trabajan en el proyecto de búsqueda de fosas comunes de la Guerra Civil en terrenos de Alfacar (Granada) donde podrían yacer los restos de Federico García Lorca.”

Como siempre, buscaban la grieta por la que seguir regando las raíces de la planta venenosa. La razón que el PP argumentaba se centraba en una situación “anómala y preocupante” en la adjudicación del contrato de conservación de carreteras en la zona Oeste de Granda, ya que en ella se prohibía que esta maquinaria fuera utilizada con fines distintos a la conservación de las carreteras. A la parlamentaria del PP de Granada le preocupaba especialmente la “correcta inversión y el destino de los fondos públicos”, ya que, según ella, los 352 kilómetros de carreteras que comunicaban la zona Oeste con el resto de la provincia quedarían desatendidos y mermaría mucho su trabajo.

Se refería a una retroexcavadora y un camión. Federico García Lorca ya dijo en su momento que «en Granada se agita la peor burguesía de España», y esta parecía empeñada en continuar dándole la razón.

El martes 27 y el miércoles 29 de septiembre se publicaron varias noticias sobre el tercer tema espinoso en la búsqueda del poeta: la reacción de la familia Lorca. En La Vanguardia apareció un artículo donde esta expresaba sentir «cierto escepticismo e indignación» por la búsqueda del poeta. Al parecer, en una entrevista a Andrés Soria, catedrático de Literatura y marido de Laura García Lorca -sobrina del poeta-, en la Cadena Ser, en Granada, este calificó de “paradójico» que encabezara la búsqueda un historiador -Miguel Caballero- que consideraba que el asesinato de Lorca había sido un ajuste de cuentas entre familias de la Vega granadina, en lugar de un crimen político. Además, Andrés Soria mantenía de forma tajante que la familia de Lorca desconocía absolutamente el paradero del poeta.

En otra de las noticias aparecidas el miércoles, la familia Lorca cargaba las tintas para mostrar su desacuerdo con la tercera búsqueda. Y, de nuevo en La Vanguardia, Javier Navarro expresaba que se sentía «molesto» por las declaraciones que el día anterior había realizado la sobrina de Federico y presidenta de la Fundación dedicada al poeta, Laura García Lorca, quien había criticado las teorías del investigador Miguel Caballero.

Además, diecinueve comentarios de lectores del Ideal digital persistían en los rifirrafes entre quienes criticaban que se destinara dinero público para buscar a los muertos y quienes lo defendían. Entre los que oponían abundaba el insulto y el mal gusto. Un tal yester escribió: “A ver si se van un poquito mas abajo que tengo una finquilla, la quiero poner de olivos y los agujeros me saldrían gratis.”

Constato que es en la provincia de Granada donde más comentarios se escriben como colofón a las noticias sobre ese tema. En el resto de provincias resultan escasos.

Pasan los días y a principios de octubre, se encuentran restos balísticos en la zona donde se realizan los trabajos, la que se ubica en el margen izquierdo del sendero que llevaba al campo de instrucción de la Falange, por el que, según los testimonios publicados por los investigadores Eduardo Molina Fajardo y Miguel Caballero, dieron sus últimos pasos Lorca y sus compañeros en la muerte. El equipo de arqueólogos e historiadores se mostraba muy esperanzado en encontrar los restos que buscaban: «Es un hallazgo que nos ha entusiasmado a todos”. Destellos de alegría que se manifestaban en breves entrevistas que mantenían la esperanza y la dosis de noticias sobre la noticia. Pero el mes de octubre avanzaba lentamente y no se encontraban más evidencias de fosas que las reveladas hasta entonces. Nada de restos óseos ni de grandes descubrimientos históricos. Tan solo un pozo, que sí fue hallado aunque muy deteriorado y sin ningún objeto significativo en su interior.

El jueves 20 de octubre la tercera búsqueda de Lorca, Galindo, Arcollas y Galadí llegó a su fin. El equipo de investigación se mostraba abatido por este nuevo fracaso y la esperanza volvía a depositarse en teorías alternativas -nuevos caminos de investigación, los llamaron en los diarios-, que volvían a salir a la luz, como las defendidas por Miguel Caballero, asesor histórico de esta tercera búsqueda: “Importantes evidencias sobre la teoría de que Lorca fuera desenterrado de su propia fosa”, declaraba en el diario Público el 22 de octubre. El periodista Fernando Guijarro había escrito una obra al respecto titulada A Lorca lo desenterraron, en la que explicaba que Lorca había sido desenterrado al poco de haber sido fusilado, y que la familia Lorca había pagado 300.000 pesetas de entonces -que nunca recuperó- por proteger a Federico y que, a cambio, ya que no habían servido para salvarlo, sí permitieron una exhumación de su cadáver, que la familia enterró para siempre en la Huerta de San Vicente, Granada, pero que esta, aclaraba el periodista, “nunca va a querer sacar a la luz la noticia para no perder el mito del poeta”.

El mismo día, leo que La piedra oscura, de Alberto Conejero,se ha estrenado en Bogotá. Lorca no para de viajar a pesar de que no sepamos dónde se encuentra.

El colofón de las noticias llegó también el 22 de octubre con un artículo en el que se explicaba que el ayuntamiento de Alfacar había advertido al equipo de investigadores de la obligación de dejar la zona del Peñón del Colorado tal y como este la había encontrado -como cuando un niño hace una travesura y deber restaurar el orden que con su osadía se atrevió a transgredir- frente a la intención del equipo de investigadores, que pretendía dejar abierta la zona excavada por si hubiera que retomar los trabajos -ya que aún quedaban por excavar algunos metros cuando se les terminó la financiación-, o simplemente recuperar la morfología original del pasaje en lugar de reponer la tierra retirada.

Federico García Lorca moría de nuevo, esta vez por cuarta vez. La tercera búsqueda no resultó ser la definitiva, como esperaba el equipo multidisciplinar -palabra repetida hasta la saciedad en las noticias dedicadas a su tercera búsqueda, junto a retroexcavadora y georradar- que la había llevado a cabo.

Por mi parte, fui a Fuente Vaqueros el verano pasado, en 2015, para visitar la casa-museo de Lorca. Resultó interesante contemplar tan de cerca, y tocar, algunos de los objetos personales del poeta, como un piano que aparece en una de sus célebres fotos de juventud, la cuna -real-, algunos cuadros pintados por el poeta… Casi todo conservado, según nos explicó el guía, gracias a la señora que había cuidado a Federico desde pequeño, ya que esta había guardado en su propia casa todos aquellos reflejos del mito.

Tras la visita, paramos en un bar ubicado cerca de la rotonda de la entrada a Fuente Vaqueros. Hacía muchísimo calor y la sola visión de un cartel publicitario de cervezas nos hacía salivar -si saliva nos quedaba aún-. Nos atendió un camarero muy simpático y, animados por su afabilidad, le preguntamos si él había nacido en allí. Nos contestó que sí, que era de allí de toda la vida. Y, ya lanzados, le perpetramos la pregunta a la que, seguramente, ya se había visto expuesto en otras ocasiones, lanzada por despiadados turistas como nosotros. El camarero respondió pacientemente, tomándose su tiempo e interés, en responder a nuestra, nada original, inquisitiva frase:“Pero en el pueblo, ¿qué se dice sobre dónde está Lorca?”.

El camarero no dudó ni un momento: “Hombre, si tú tuvieras dinero y te hubieran matado al hijo, pues habrías pagado lo que fuera por rescatar su cuerpo, ¿no? Yo ya no sé si se lo llevaron a la Huerta de San Vicente o a otro sitio. Pero que en la fosa esa de Alfacar seguro que ya no está”.

Las noticias cesaron a finales de octubre. Y, seguramente, no se vuelva a hablar de ello hasta que Ian Gibson saque un nuevo libro sobre Federico García Lorca o alguno de los investigadores que mantienen la tesis del desentierro del cuerpo del poeta vuelva a insistir en el tema. Mientras, la Ley de la Memoria Histórica continúa casi tan paralizada como el país mismo y los mitos muertos parecen ser los únicos que nos representan legítimamente.