Dos crónicas sentimentales sobre Barcelona

Mario Arturo me habló de la Guía secreta de Barcelona (1974), reeditada en 1982 como Nueva Guía secreta de Barcelona, de Josep Maria Carandell. El libro estaba descatalogado hacía años y no me había preocupado en buscarlo. Pero el muy loco lo compró a un coleccionista en Internet y me envió su secreto por sorpresa porque decía que me serviría para mis novelas sobre las Barcelonas perdidas. Muchas gracias, grande.

La guía de Josep María Carandell se ha convertido –junto a Historia y leyenda del Barrio Chino 1900-1992, de Paco Villar (La Campana, 1996)– en uno de mis lugares preferidos donde rastrear anécdotas y antiguos nombres de calles de Barcelona. También me han constatado que cada época ofrece a sus barrios la ración correspondiente de personajes pintorescos, que representan la misma locura, la misma excentricidad, pero vestidas de manera diferente. Y es que estos personajes cambian de nombre y de aspecto con la frecuencia con que la Historia cambia de años.

Guía secreta de Barcelona (1974); Josep Maria Carandell
Guía secreta de Barcelona (1974); Josep Maria Carandell

 Carandell dijo en una entrevista: «Nuestra generación –la de Marsé, Vázquez Montalbán, etcétera– se encontró con un país tan oficial que no nos quedó otro remedio que buscar el país no oficial». Y Carandell se dedicó a buscar al margen un país imaginario que le infundiera la vida que la dictadura le había desmochado. Su guía de Barcelona habla de muchos rincones curiosos de la ciudad, pero a su autor se le nota rápidamente la predilección por la Barcelona de los bajos fondos.

También dijo, en otra ocasión, que esta guía había sido su «aportación generacional a obras como El circo, de Juan Goytisolo, o Las afueras, de Luis Goytisolo. No se trataba de descubrir una realidad social, sino de buscar lo extraño y personajes raros. Éramos niños de Acción Católica, pijos de casa bien que queríamos compensarlo».  Me doy cuenta de que esta es una guía letraherida, y que quizás la ciudad y las gentes que Carandell retrata son sobre todo una crónica de personajes potencialmente literarios, en lugar de un registro de personas reales. A su autor se le nota rápidamente la admiración que tenía hacia esos lugares y la profunda psicología con que observaba a esas «extrañas» gentes. Sobre todo,  Carandell parece comprenderlos en su desvarío y se siente su querencia por esa parte de la ciudad que solo se la conoce si se la observa con cariño y atención.

Historia y leyenda del Barrio Chino 1900-1992 (1996); Paco Villar
Historia y leyenda del Barrio Chino 1900-1992 (1996); Paco Villar

En Historia y leyenda del Barrio Chino 1900-1992, de Paco Villar (La Campana, 1996) el enfoque es diferente. Villar evita la deriva urbana y va directo a lo que le interesa: los llamados «bajos fondos». En este libro hay pasión y sentimiento por la Historia, por la cultura popular, por la vida que palpita frente a los ojos de quien la observa. Además, esta crónica –que se desborda y, en la monumentalidad de la documentación rescatada de archivos y de fuentes gráficas, llega hasta otros barrios, como la cercana calle Escudellers y alrededores– es un canto a otras maneras de vivir. Paco Villar prescinde de juicios morales. Al contrario que a Carandell, las personas que formaron parte de la Historia de esa zona, no le parecen ni raros ni extraños. Villar los utiliza como testigos cargados de una valiosa información. Y se limita a rescatar exhaustivamente ese trozo de la Historia de Barcelona.

Siempre me ha parecido muy injusto cómo Barcelona ha tratado –y continúa tratando– a ciertos barrios solo porque en ellos vive gente con «menos posibles» o, si queremos, gente pobre. A los barrios más alejados del centro es fácil obviarlos y hacer como si estos no existieran. Pero el Raval y ciertas zonas del Barri Gòtic, en pleno centro, son dos inconvenientes para esta ciudad. El ayuntamiento se olvida de que en esos barrios aún vive gente que son parte de la Historia y la cultura de esta ciudad; ancianas que podrían pasarse horas explicando anécdotas del barrio, de la guerra civil… y que nunca recogerán los libros de Historia; vecinos que explicarían mil detalles interesantes de la zona y que cuando ellos mueran desaparecerán de la memoria colectiva para siempre; de sus tiendas históricas; del hotel Falcón, en la Rambla, 32, ocupado durante la guerra civil por el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) para alojar a los milicianos que volvían del frente y que ahora es la biblioteca pública del barrio; de las pequeñas industrias que a finales del siglo XIX y principios del XX fueron importantes motores económicos para esta ciudad, de las gentes que trabajaron en ellas y que, gracias a su esfuerzo, esta ciudad ha llegado a ser lo que hoy en día es.

Hotel Falcón durante la guerra civil española. Actualmente se encuentra allí la Biblioteca Andreu Nin, en las Ramblas.
Hotel Falcón durante la guerra civil española. Actualmente se encuentra allí la Biblioteca Andreu Nin, en las Ramblas.

Las autoridades han convertido estos lugares en un parking para turistas, y se han limitado a extender autorizaciones firmadas para abrir horripilantes bazares de souvenirs con nombres pseudocatalanes pero con propietarios llegados dese la India o Pakistán, bares-abrevadero para continuar con la juerga y hoteles donde dormir la mona.

Dejemos eso a un lado y continuemos con las guías interesantes sobre la Barcelona secreta y al margen, aunque alguna gente se empeñe en etiquetar como «secretos de las ciudades» aquellos lugares no demasiado concurridos o aquellas anécdotas no demasiado conocidas de las mismas. Es la injusticia del famoseo. Si la pequeña ermita de San Cristóbal, en la calle del Regomir, no es tan famosa como el último –y espantoso– hotel con forma de navío inaugurado en la ciudad, no es porque ella se esconda a los ojos de los ciudadanos. Es que a la mayoría de los ciudadanos les resbala la verdadera historia de su propia ciudad. Motivados, en parte, por el tratamiento que el ayuntamiento potenciado hacia ellos, muchos barceloneses han desarrollado una alergia a las capas de óxido que revisten los lugares antiguos de la Ciudad Condal. El brillo de lo nuevo nos ciega y no nos deja contemplar lo que ya existía. «Lo viejo es cutre», dirán algunos. Y encontrarán más belleza en pasear entre las atestadas terrazas del Maremagnum que entre las estrechas callejas del Raval, Poble Sec o del Barrio Gótico.

Cabaret La Buena Sombra, años 20-30, en la desaparecida calle Gínjol.
Cabaret La Buena Sombra, años 20-30, en la desaparecida calle Gínjol (junto a Passatge Escudellers)

Guías de lugares curiosos y de anécdotas de Barcelona hay muchas –por ejemplo, la igualmente célebre Barcelona pam a pam–, de Alexander Cirici, Banys; así como crónicas sociales, muchas de ellas servidas por el historiador Manuel Huertas Clevería. Y no nos olvidemos de los centenares de blogs dedicados a rescatar la historia más oculta y olvidada de Barcelona, donde periódicamente sus autores nos regalan y comparten información, muchas veces testimonios directos de vecinos –que incluso aportan las fotos de sus álbumes familiares–, de la historia común de esta ciudad, como los interesantes Bereshit o Cosas de Absenta, entre muchos otros.

Niños jugando en el Barrio Chino de Barcelona. Fotografía: Joan Colom. Década de los cincuenta.
Niños en el Barrio Chino de Barcelona. Fotografía: Joan Colom. Década de los cincuenta.

0 respuestas a «Dos crónicas sentimentales sobre Barcelona»

  1. Un nuevo post imperdible sobre la Barcelona perdida! Estupendo, como la foto de Joan Colom (recuerdo aquel emocionante reencuentro con uno de los niños de la foto, aunque el hombre pasara un poco del pobre fotógrafo…), y como imaginar una noche en La buena sombra… Sandunguera tú!

    1. Gracias, Toronto. Precisamente, me enteré de la historia de la foto de los niños del Raval y Joan colom a través de un link que tú pusiste sobre un documental muy recomendable del Barrio Chino (o Distrito v, se titulaba. Lo he buscado y no lo encuentro, rodado en los años 80). Si lo tienes a mano, ponlo por aquí que a lo mejor a alguien le puede interesar.
      Y qué pena no haber tenido la oportunidad de haber ido a alguno de esos cabarets de la Barcelona de los años 20-30… Bueno, otro siglo será.

  2. Gracias por la mención, Encarna.
    Yo creo que el redescubrimiento de las ciudades se realiza de forma periódica, y no sólo Barcelona. Sí que es cierto que las hay que de sus «secretos» han hecho mucha literatura, como París o la Roma de Pasolini (aprovechemos ahora que el CCCB nos lo muestra en carne viva); o el Nueva York cinematográfico. La pega de Barcelona es que a principios de los 70 Barcelona dejó de ser la ciudad de posguerra que fue hasta entonces y se hizo necesario para dos generaciones, la de los niños de la guerra y la de los que nacimos hasta finales de los 50, recuperar no sólo un paisaje sino una forma de vida.

    La nueva Barcelona secreta se está formando ahora mismo, al margen de la Barcelona oficial. Habrá que estar alerta. Pero sobre todo será necesario vivirla si alguna vez queremos dar testimonio de la realidad.

    1. De nada, Bereshit es un gran cofre con mucha información sobre Barcelona.
      Sí, tienes toda la razón en eso de que ahora mismo estamos contruyendo también otra Barcelona secreta y que es mejor vivirla a que nos la expliquen después.
      De Barcelona, lo que me gustaría es que todos fueramos más justos con nuestra propia historia y con ciertaz zonas llamadas «al margen» que, para mí, no lo son en absoluto.
      Y qué rica es esta ciudad en historias personales…

    1. Sí, estoy de acuerdo. Para mí, primero fue «Nada», de Laforet y después «Últimas tardes con Teresa», de Marsé. Después siguieron las memorias de Carlos Barral, las primeras novelas de Juan Goytisolo, etcétera, etcétera.

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