La «baronesa del jazz» y Thelonious Monk escapan en un Bentley plateado

Terminé de leer El perseguidor, el cuento de Cortázar, y fue como haber visto las dos caras de la luna tras una cortina de lluvia. Porque no paraba de llover. Esa primavera –que en realidad es esta y todas las que son como esta– no paraba de llover. Yo investigaba sobre la llamada «Baronesa del jazz» o«Baronesa del Bebop», aunque también habría podido recibir los motes de la «Baronesa del Hard bop», la «Baronesa del Free jazz»… Y así hasta el momento de su muerte, el 30 de noviembre de 1988. Porque Pannonica de Koenigswarter, una Rosthchild desheredada con nombre de mariposa, pasó 35 años de su vida inmersa en múltiples correrías nocturnas por los clubs de jazz de Nueva York. Tras llegar a la última palabra  del cuento de Cortázar, me di cuenta de que, hasta entonces, toda la información que había leído sobre ella estaba dedicada a resarcirla de una deshonrosa y oscura mala fama, adquirida solo porque había ejercido su derecho a vivir como le había dado la gana. El libro y el documental de su sobrina-nieta envolvían a Nica, como era conocida por sus allegados, de misterio, solemnidad y, casi, santidad. Su pariente la describía como la baronesa que ayudaba, tanto económica como anímicamente, a los cats –como se llamaba en argot a los tipos negros del jazz–, muchos de ellos, con infinitas penalidades: problemas con las drogas, depresiones, apuros económicos…

Pannonica de Koenigswarter
Pannonica de Koenigswarter

Nica pertenecía a  la rama británica de los Rothchild, y su nombre fue eliminado de todos los testamentos de la familia por haber abandonado a su marido, diplomático francés en México, y a sus cinco hijos a principios de los años cincuenta del s.XX. Lo dejó todo tras haber escuchado Round Midnight, de Thelonious Monk, en casa de una amiga, durante una escala en Nueva York. Poco después volvió a la Gran Manzana para quedarse y buscar en ella ese tipo de jazz.

Cuanto más sé de la baronesa, más me parece la suya una de esas existencias vividas a impulsos, como en la anarquía de las jam sessions. Improvisando. Dándose topetazos contra las paredes, girando en las esquinas equivocadas, resbalándose en el asfalto mojado y aterrizando de culo o, peor, apoyándose en el codo derecho al caer –ay, qué dolor– por caminar demasiado veloz y sin cuidado. Los días de lluvia nos deberían crecer ventosas en las plantas de los pies y en el corazón, porque a veces este se tira él solito al suelo.

A partir de su traslado a Nueva York, la de Nica fue una de esas vidas sin ventosas, sin agarraderas. Salía de noche en pandilla con los cats , los llevaba en su Bentley plateado a cualquier lugar donde a estos les saliera un bolo, retaba a carreras nocturnas a Miles Davis al volante de su coche en la Quinta Avenida, congregaba a numerosos músicos en las habitaciones que tenía reservadas en el Stanhope Hotel, fue acusada de posesión de marihuana –aunque en la versión de su sobrina-nieta esta pertenecía a Thelonious Monk y ella se autoinculpó para evitar que a él le retiraran el cabaret card sin el que no podría actuar en los nightclubs, y, sobre todo, se pasó la vida adorando a Thelonious Monk. Su sobrina-nieta asegura que el sexo no fue una cuestión importante en la relación que ambos sostuvieron desde el momento que se conocieron en París, en 1954. Que su adoración era platónica él estaba casado y tenía hijos.

Es posible. Pero pienso que hubiera sido mejor haber obviado ese comentario. Posiblemente Nica no necesitaba que nadie lavara su reputación. Adoraba a Thelonious Monk en público y en privado, en los clubs de jazz, en el interior de su Bentley y en cualquier lugar donde él se encontrara. Y a la baronesa –que había dejado todo atrás– poco le importaba ya lo que pensaran de ella y con quién la relacionaran. En todas las fotografías donde aparecen juntos, los ojos de Nica solo transmiten amor hacia Monk y poco nos importa si este fue correspondido o no.

Nica y Thelonious Monk en alguno de los clubs de jazz de Manhattan
Nica y Thelonious Monk en alguno de los clubs de jazz de Manhattan

Pero lo que me realmente me produce curiosidad es la inquina de Cortázar hacia esta mujer. Quizás la considerara responsable de la muerte de Charlie Parker, de suministrarle la droga que lo acabara matando. Sin embargo, era más que conocido que Parker se había enganchado a la heroína mucho antes de haberla conocido y que él solito se bastaba para abastecerse de las dosis necesarias que su cuerpo le exigiera. Me pregunto de dónde viene este furor contra ella y no contra otras amantes de Bird. Su animadversión me suena a celos de enamorado. De que siempre hay que culpar a una mala mujer de la desgracia de un gran hombre. También Monk murió en la Cathouse –una casa que Nica compró en New Jersey para poder ser definitivamente libre y donde este vivió los últimos nueve años de su vida–, llamada así porque en ella acogía a numerosos jazzmen y a multitud de gatos. Unas versiones dicen que 306 gatos, otras que 122… El número exacto da lo mismo. En su entierro, su mujer y Nica ejercieron de viudas del músico, con toda la naturalidad del mundo, sentadas codo con codo y recibiendo a dúo el pésame de los asistentes al funeral.

Nica y Thelonious Monk en la puerta del Five Spot Cafe, en su Bentley plateado.
Nica de Koenigswarter y Thelonious Monk en la puerta del Five Spot Cafe, en su Bentley plateado.New York, 1964. Fotografía: Ben Martin/Time/Life Pictures/Getty Images

Antes de todo eso, los cats habían acogido a Nica entre ellos de la forma más natural. Se dejaban querer y cuidar por esa mujer, que acudía con sus abrigos de pieles, sus perlas y sus largas boquillas, a la ronda de clubs de jazz del Village, el Bowery o Harlem. Cortázar, en cambio, la dibujó como la ávida amante de Charlie Parker y otros músicos negros. Fumadora de marihuana, promiscua, mantenida por su exmarido, sin más problemas que las quejas de los encargados de los hoteles donde se hospedaba al principio, hasta que se comprara la Cathouse.

Charlie Parker murió en las habitaciones que Nica tenía alquiladas en el Stanhope Hotel, mientras veía The Dorsey Brothers’ Stage Show, un programa humorístico de televisión. Las causas fueron muchas y, en realidad, se trató solo de una. Parker estaba ya hecho polvo tras años y años de adicción a la heroína. Murió con 35 años aparentando 60, según el médico que lo atendió en sus últimos momentos.

Nica era muy conocida en el entorno del jazz. Pero una gran desconocida para el resto de los mortales. Durante este tiempo hemos escuchado canciones de Sonny Clark, Kenny Drew, etcétera, con el nombre de Nica sin saber que fueron inspiradas por ella.

Ross Russell describió a Nica de esta manera en la biografía que escribiera sobre Charlie Parker:

«La baronesa Pannonica, a la que sus amigos llamaban Nica, era alta, entrada en carnes, y tenía la cara de un chaval crecido e incontrolable. Era irónica, chistosa, sincera y distraída, raramente capaz de acordarse de sus citas. Cultivada e intelectual, era también creativa, y pintaba telas extrañas utilizando diferentes materias: acrílicos, leche, whisky y perfume. Poseía una gran simplicidad y modales muy directos que hacían que la gente del jazz la estimara. Como mucha gente influida por la cultura francesa, la baronesa estaba fascinada por la escultura africana, la música afroamericana y la negritud. Vestía descuidadamente ropa comprada en las tiendas más caras. Su Rolls-Royce, al que llamaba la ‘paloma plateada’, y que conducía ella misma, sus pieles, joyas y su cajita de bolsillo de oro eran familiares en los clubs de jazz que había a lo largo de Broadway, en Harlem y en Greenwich Village».

Muchas piezas de jazz llevan su nombre por título como homenaje: Pannonica de Thelonious Monk; Nica’s Tempo, de Gigi Gryce; Nica, de Sonny Clark; Nica’s Dream, de Horace Silver;Tonica, de Kenny Dorham;Blues for Nica, de Kenny Drew; Nica Steps Out, de Freddie Redd; Inca, de Barry Harris; Thelonica, de Tommy Flanagan…

¿Por qué me pondrán tanto este tipo de vidas?

 

Thelonious Monk y la Baronesa Nica, una amistad que duró todas sus vidas.
Thelonious Monk y la Baronesa Nica, una amistad que duró todas sus vidas.

4 respuestas a «La «baronesa del jazz» y Thelonious Monk escapan en un Bentley plateado»

  1. Te ponen (nos ponen) por lo que tienen de vidas a medio construir; por la posibilidad de reconstruirlas; por la posibilidad de vivirlas mientras recorremos las sombras… ¡Qué sabrá su sobrina-nieta del sexo de Nica! Los vacíos vitales los llenamos nosotros.

    1. Sí. Tienes razón, Enric. Me gustan las vidas que dan vueltas y vueltas hasta que encuentran aquello que les hace felices. El personaje de la baronesa me intriga mucho. Aunque si eres rica te puedes permitir otro tipo de excentricidades. Pero, si eres pobre, vivir como ella vivió los últimos años de su vida no es más que «no haber podido salir del agujero».
      De todas maneras, estas vidas son muy inspiradoras.

  2. Es verdad que el narrador del cuento de Cortázar no hace un retrato muy amable de la baronesa. No sabemos si es lo que pensaba Cortázar, aunque es posible que no sea muy diferente. Sin embargo, cabe no olvidar la época en que el libro fue escrito. Hoy podemos hacer una lectura muy diferente de la que se tenía en esos años. Pero, sin duda, una vida fascinante. ¿Qué encontró en el jazz, para abandonar una vida de millonaria aburrida? ¿Cuántas decepciones se llevó en esa vida de medianoche?

    1. Primero, perdón por contestar tan tarde Leonardo. Y segundo, gracias por tu comentario. Es verdad que cada época dota de interpretaciones diferentes al mismo hecho histórico.La verdad es que tampoco sé qué pensaba Cortázar sobre la baronesa. A mí, lo que me fascina más es, como tú dices, qué le llevó a dejarlo todo por el jazz. Quizás, más que el jazz en sí es un estilo de vida lo que dejó atrás.

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