Agentes secretos, guerra fría, literatura y cintas de vídeo

La II Guerra Mundial había finalizado en 1945 y la inmediata posguerra se centró más en superar la conmoción generalizada por los desastres humanos causados por la guerra que en soluciones de tinte político. Dos años son poco tiempo, especialmente después de una contienda de este tipo, pero la política siempre se ha mostrado impaciente con las debilidades de la Humanidad. Así, en 1948 comienza el periodo que ha pasado a la historia denominado como Guerra Fría (se dice que el término fue acuñado en el siglo XIV por el escritor español don Juan Manuel, y rescatado en 1947 por Bernard Baruch, consejero del presidente norteamericano Rooselvelt), cuando Stalin ordenó el bloqueo de Berlín, impidiendo el tránsito de mercancías entre los dos bloques económicos en los que Occidente había quedado dividida: el bloque capitalista (dominado por EE.UU.) y el bloque comunista (dominado por la antigua URSS y  China, aunque esta siguió más tarde su propio camino).

A pesar de que EE.UU. y la URSS habían sido aliados durante la II Guerra Mundial, tras el final de la contienda la desconfianza era mutua entre ambos bloques, y el clima de tensión política, altamente voltaico. De esta manera, comenzó una de las épocas más inestables políticamente y más fértil en el campo de la literatura y el cine de espías, todo ello en medio de unos cambios culturales de gran relevancia, como fueron la cultura pop, el progreso económico y tecnológico y el omnipresente peligro nuclear.

La Guerra Fría duró desde 1948 hasta 1991, con la caída de la URSS y la implantación de la Perestroika, y tuvo un gran momento simbólico con la caída del muro de Berlín, en 1989. En total, algo más de 40 años de un panorama político en donde los agentes secretos se convirtieron en cultura popular y a los que se les dedicó novelas, cómics, películas y series de televisión cuya repercusión continúa hasta nuestros días.

Cartel de promoción de Dr. No, primera película de James Bond en español.
Cartel de promoción de Dr. No, primera película de James Bond en español.

Para iniciar un itinerario riguroso de la época que nos ocupa, habría que remontarse al año 1953, cuando el exagente británico Ian Fleming publicó la novela Casino Royale, cuyo personaje principal era James Bond, el Agente 007. La experiencia de Flemning como asistente en los servicios secretos le aportará datos para sus historias. De esta manera, dio comienzo la leyenda del agente secreto por antonomasia, el hombre que siempre pedía que le sirvieran el Martini  «agitado, no removido». En total, Fleming escribió 12 novelas largas y 9 novelas cortas sobre «Bond, James Bond». El éxito del personaje se enmarcó primero en las novelas de Fleming durante los años 50, y en 1957 el diario inglés London Express propuso al escritor británico secuenciar las aventuras del Agente 007 en formato cómic, pero este se mostraba reacio debido al temor de que la calidad de su escritura pudiera perderse; sin embargo, finalmente aceptó y en 1958 se publicó la adaptación en cómic de Casino Royale, con guión de Anthony Hearne e ilustraciones de John McLusky.  Durante este proceso de adaptación Fleming explicó a McLusky cómo veía a su personaje, pero a McLusky James Bond le parecía demasiado anticuado, por lo que, para actualizarlo, dotó al personaje de un aspecto muy masculino, basándose en actores de la época, como Robert Taylor o Gary Cooper, imagen que luego serviría de guía para los primeros castings que se realizaron para la primera película de James Bond, Dr. No (1962), personaje que encarnaría el legendario Sean Conery. Our Man Flint, película rodada en 1966, es una parodia de la saga de James Bond, y narra, en tono de humor, cómo unos malvados científicos intentan apoderarse del planeta con una máquina capaz de producir terremotos. Protagonizada por James Coburn, la película fue un éxito en su momento, lo que dio lugar a un segundo filme, titulado In Like Flint (1967), protagonizado también por Coburn en la figura del agente Derek Flint.

Primera edición de The Quiet American (1952)
Primera edición de The Quiet American (1952)

Mientras tanto, la Guerra Fría seguía produciendo escritores de talla en el género del espionaje, como Graham Greene, exagente del servicio secreto británico durante la II Guerra Mundial, se especializó en novelas de espías de marcado tono antiimperialista, como The Quiet American (1952), sobre el sureste asiático; A Burnt-out Case (1961), sobre el Congo Belga o The Human Factor (1978), sobre espías en Londres. El también escritor Evelyn Waugh siempre pensó que Greene nunca había dejado de ser un espía secreto al servicio del bloque capitalista y que sus novelas a favor del bloque comunista solo le servían como tapadera para ganarse la confianza de líderes como Fidel Castro o Ho Chi Ming. Greene también escribió algunos guiones de películas con el mismo tema, como la magnífica The Third Man (1949), dirigida por Carol Reed y protagonizada por Orson Wells y Joseph Cotten.

Por su parte, John LeCarré (pseudónimo de David Cornwell) es conocido, sobre todo, por el personaje de George Smiley, protagonista de la mayoría de sus novelas. Call for the Dead (1961), A Murder of Quality (1962) y la exitosa The Spy Who Came in from the Cold (1963), fueron algunas de las novelas que llevaron a Le Carré a la cima de la fama en el terreno de la literatura de espionaje. En sus novelas, el autor hace que los conceptos patriotismo y espionaje se interrelacionen, siempre en busca de una verdad que aporte sentido a toda la trama narrativa. LeCarré comenzó a fascinarse por el espionaje cuando, hacia 1949, conoció a un diplomático británico que posiblemente desempeñaba trabajos como agente secreto. A finales de la década de los años 50, LeCarré ingresó en el British Foreign Service, pero siempre ha negado que desempeñara trabajos de espionaje, desmarcándose así de Ian Fleming o Graham Greene.

Junto a esta literatura centrada en el espionaje, el cine y la televisión también alimentaron este tipo de personajes. La saga de películas de James Bond comenzó en 1962 y ha llegado hasta hoy en día. Por otro lado, aparte del citado agente Flint, parodia del Agente 007, triunfaron en su momento Super Agente 86 (creada con el objetivo de parodiar las series y películas de superagentes, con elementos especialmente cómicos como el zapatófono, utilizado por Maxwell Smart; o la adopción del número 86 en el título, apodo que los camareros daban en EE.UU. a los clientes borrachos). Ya en un tono más serio, otras series como The Man From U.N.C.L.E, Danger Man o Mission: Impossible, rodadas durante la década de los años 60, lograron gran repercusión mediante trepidantes aventuras que cautivaban a la audiencia. El caso de The Saint, creado por el escritor Leslie Charteris y protagonizado por Richard Moore desde sus comienzos en los años 60, fue diferente: el personaje, Simon Templar (cuyas dos iniciales conforman el apodo, «El Santo»), no era propiamente un espía secreto pero sí recurría a los servicios secretos cuando sus casos se lo requerían.

Por su parte, la serie The Avengers (Los Vengadores, en castellano), creada a comienzos de de la década de los años 60, aportó (como Modesty Blaise en el terreno del cómic y las películas basadas en este que se realizaron), además de situaciones de alto riesgo y momentos de infarto, la incorporación de las estéticas por entonces insurgentes y en boga como la psicodelia y el pop. Así, la «vengadora» Diana Rigg pasará a la historia enfundada en un inolvidable mono de cuero negro y Patrick McNee encarnará para siempre al prototípico gentleman inglés, con sus inseparables bombín y paraguas.

CHARADE(2)
Charade (Director: Stanley Donen, 1963)

Otras películas de temática de espías que alcanzaron gran repercusión fueron Charade, dirigida en 1963 por Stanley Donen (en la que también tenía un papel James Coburn, esta vez el malo malísimo que atormentaba a Audrey Hepburn); Turn Curtain, dirigida en 1966 por Alfred Hitchcock y protagonizada por Paul Newman y Julie Andrews, en la que un físico atómico estadounidense investiga por su cuenta en el Berlín de la Guerra Fría más cruenta. Este breve repaso no podría terminarse sin la referencia a la única comedia rodada por Stanley Kubrick: Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love Bomb (1963), y que en castellano se tradujo como ¿Teléfono rojo?  Volamos hacia Moscú, en la que la sombra del peligro nuclear volvía a sobrevolar Occidente sembrando el terror.

Por lo que hasta aquí se evidencia, el momento de mayor eclosión de los agentes secretos fue en la década de los años 60, cuando literatura, cine y televisión pusieron de moda esta temática. En esos momentos, en la patria de los superagentes eclosionaba el Swinging London, término acuñado por el columnista del canal de televisión norteamericano New York TV John Crosby, cuando se desplazó hasta Londres en 1964. Por entonces, la capital británica era un hervidero de movimientos sociales, musicales y culturales en general. Londres se encontraba viviendo una revolución cultural en la que, junto a las experiencias de nuevas maneras de entender y experimentar la vida en general, imperaba un espíritu optimista y muy vital. Los sufrimientos de la posguerra se iban quedando poco a poco en el pasado y la mejora económica tenía Inglaterra, gracias a lo cual, el país dominaba las industrias del ocio y la cultura, proyectando esos cambios por todo el mundo. Quizás, el mejor resumen visual de todo ese periodo sea la película Blow Up (Deseo de una mañana de verano), rodada por Michelangelo Antonioni en 1966, en la que se incluye esa mágica y memorable escena en la que una jovencísima Vanessa Redgrave se desmelenaba bailando la delirante mezcla de R&B, jazz y pop compuesta por Herbie Hancock para la banda sonora.

Edición española de Modesty Blaise (Planeta DeAgostini, 2006)
Edición española de Modesty Blaise (Planeta DeAgostini, 2006)

Tanto Modesty Blaise como The Avengers beben del espíritu de aquel momento y gran parte del encanto de sus protagonistas procede de la manera en la que, gracias a la moda y a la estética del momento, conectaron con los espectadores y los lectores de la época. De esta manera, la película Modesty Blaise, rodada en 1966 por el director Joseph Losey, es un festival de cultura pop de los años 60 en donde elementos como Carnaby Street, en el Soho londinense, en la que se reunían los mods, repleta de tiendas de jóvenes e innovadores diseñadores de ropa, como la impúdica Mary Quant y sus minifaldas, eran difíciles de evitar.

La década de los 70, en el sector de la cultura del espionaje, vivió del tirón que la anterior década había conseguido, de esa manera, sus protagonistas siguieron siendo los mismos: Greene, LeCarré, James Bond, etcétera, seguían en el candelero. En los años 80 y 90, el público fue perdiendo interés paulatinamente por estos temas en paralelo a la progresiva defunción de la Guerra Fría, aunque se continuaban realizando aportaciones interesantes como Harlost Ghost (1991), la monumental novela escrita por Norman Mailer.

En la actualidad, poco nos queda (sin mencionara Austin Powers, que aúna la parodia del cine de superagentes secretos con los referentes a la cultura del Swinging London), y quizá por ello ahora sea el momento de volver al origen para encontrar la esencia más pura.

Encarna Castillo.

Artículo aparecido en el libro 4 de Modesty Blaise (Planeta DeAgostini, 2006, Barcelona) y revisado para su publicación en esta web en 2013.

0 respuestas a «Agentes secretos, guerra fría, literatura y cintas de vídeo»

  1. Leí «El americano impasible»y me gustó.Pero prefiero «El factor humano»del mismo autor.»El espía que surgió del frío»de Le Carré me parece un clásico de la novela de intriga.»Teléfono rojo:volamos hacia Moscú»de Kubrick está entre las 10 mejores comedias de la historia.Una de esas pelis para ver una y otra vez.
    ¿Te gusta también el Jazz latino Encarna?

    1. El jazz latino me encanta también, pero sobre todo los jazzmen cubanos y puertorriqueños: Ray Barretto, Mario Bauza, Machito, Paquito D’Ribera…
      Encuentro muy sugerente el jazz que se hacía en La Habana antes de la Revolución Cubana.

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